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METALEROS

METALEROS


             Era una banda que tocaba Metal. No Metal, Metal… el clásico Metal de los ochenta o incluso de los noventa, a ver si nos entendemos… Digamos ¿Metal moderno? ¿Metal con onda? ¿Cool Metal? ¿Nu Metal? Quién sabe, pero tocaban Metal y eran pretenciosos. Trataban de escribir letras con sentido, decir cosas; se tomaban muy en serio a sí mismos. Los nuevos Metaleros. Más fascistas que los Metaleros de los 80´s y los 90´s que eran sobre todo borrachos buenos para los combos. Los nuevos Metaleros se visten como raperos blancos. Fuman hierba, jalan y hablan de cosas espirituales. Quizá son satánicos, pero no odian de verdad a Dios. Da la impresión de que incluso le temen. El Dios de los Metaleros es su propio ego, dicen algunos intransigentes. En eso son igual que los metaleros viejos; todos son ególatras y  les gusta la cerveza. Y nuestra banda de Metal es así: ególatra y borracha. Y tienen un batero nuevo. Un chico que parece ser el más pendejo de todos. Es pretencioso y se cree el cuento. Ya antes probaron con otro, pero hablaba tan mal que nadie entendía lo que decía y se tuvo que ir no más. El Metralleta le decían porque según él sus dobles bombo sonaban como una metralleta: Rraaatatata!! Rrratatata!! Rararatataaata!! decía cada vez que lo explicaba. Más bien era estridencia de los parches sueltos del bombo que por algún motivo ellos consideraban la mejor manera de tocar un bombo en un lugar de mierda como lo era su sala de ensayo. El Metralleta se fue y en su lugar llegó el pendejo que en el fondo era un buen pendejo. Saludaba a todo el mundo, tenía buena espalda y estaba comprometido con la causa metalera. Además, tocaba la batería mejor que El Metralleta. Pero de todas formas sonaba mal porque ensayaban con una batería de mierda. Había otros Metaleros que ensayaban en lugares mejores. Pero su sala de ensayo en realidad era un garaje en casa de uno de ellos así que les salía gratis. Y tenían buenos amplis para guitarra y bajo. Todo a tubos. Y una mesa de 12 canales y varios micrófonos. Microfoneaban todo y grababan los ensayos. Uno de ellos había estudiado sonido en un instituto y los demás entendían lo básico. Tenían una interface y por ahí comenzaron a grabar un disco casero que se llamó “Hell in my eyes”. Ahora iban por el segundo y salían tocatas. Más algunos concursos de bandas que daban premio en plata. En las tocatas no se ganaba mucha plata. Por menos los músicos no. Ganaba el dueño del local, el que arrendó los equipos, el del copete, el sonidista, el de la puerta y el borracho que estaciona los autos. Pero el músico no más que lo justo para emborracharse y a veces tenían que pagar ellos mismos el bebestible. Así era la cosa, no había muchos lugares dónde tocar y la escena era pequeña. Pero se movían. A veces aparecía un bar que se animaba a organizar tocatas hasta que les terminaban multando o cerrando el local. La verdad es que los únicos locales que se prestaban para hacer tocatas metaleras eran los locales que ya estaban por morir. Ningún lugar exitoso querría ahuyentar a una clientela buena, con plata, bonita y que se comportaba bien para en su lugar montar tocatas que se llenaban de antisociales y drogones. No todos eran agresivos, pero sí la mayoría tenía problemas con la coca y el alcohol. Así que había tocatas y ellos estaban sonando. Junto a otras bandas de características existenciales similares armaban un cartel o dos carteles de cinco bandas cada uno. Un par de veces en el año conseguían arrimarse a algún festival en la playa o en algún parque municipal. Aunque en ambientes familiares a nadie le interesaba escuchar su música. Lo que más rentaba eran tocatas de entre $1500 y $3000. Tampoco tantas. Pero sonaban. Tenían 502 fans en su funpage de Facebook. No tenían cuenta de Twitter ni Instagram. El guitarrista usaba Snapchat y sólo agregaba minas. El otro guitarrista, el primera guitarra, había tocado en viejas bandas de heavy metal y doom metal. En los noventa quería ser un virtuoso. Pero luego terminó acoplando los riffs al boom boom del bajo. El bajista era el que más rapero parecía de todos y trataba de tocar agro metal, pero no le salía y terminaba tocando frases monótonas que mal se mezclaban con los riffs cuadrados y sin swing del guitarrista. Sin embargo, terminaba gustando. Lo que unía el conjunto era la voz del Jimmi. Sus letras rebuscadas de diccionario escolar y los riffs. La gente no se volvía loca ni ellos eran tan especiales. Pero tenían al menos 8 fans de verdad y caían bien en la “escena”.
             Así que esta banda comienza a soñar con “hacerla”. Pero “hacerla” en grande. Dedicarse a tocar y fumar marihuana. Deciden hacer un video: quieren hacerse populares en Youtube. En una página de Facebook el guitarrista virtuoso leyó que Youtube era cada vez más importante para medir las audiencias y el poder de influencia y llegada del mercado de artistas. Independiente de su estilo o edad. Todos se medían con los gráficos de estadística de Youtube y Facebook. El virtuoso no lo había entendido exactamente así, pero captaba la idea general. Así que fueron por un video. El pendejo conocía a un nerd del barrio que también quería ser Metalero pero era demasiado mamón para serlo y porque le gustaba el cine y los comics. Pero el guatón barbón y mamón tiene una Canon 7d y graba bien. El único problema es que es medio sádico porque torturaba a un gato y lo grababa cuando era niño. No siempre el mismo gato porque a veces se le moría. Pero bueno, era eso no más. Lo quemaba un rato con un cautín caliente y lo grababa. Después lo soltaba. Quizá el guatón se corría la paja con eso. No se sabe. Así que hablaron con el guatón y él por supuesto que quería trabajar con ellos y como todo guatón mamón se volvió fan de los Metaleros. El guatón invitó a un amigo que le serviría de tramoya para la iluminación (se consiguió un reflector con un profe de diseño de la universidad) y entre todos inventaron un guion. Hicieron el storyborad en una croquera que el vocalista siempre andaba trayendo para versificar su odio contra el mundo. Un odio vacío y pueril, pero odio al fin. Serían tomas cortas y con la cámara bien movida. El guitarrista tenía a una amiga de Snapchat que podía actuar. Le pagaron $20.000 y le pusieron un vestido de novia rajado. Tanto como para que se viese guarro. La historia iba más menos así: la chica ha sido raptada por un sicópata homicida satánico y pervertido que se ha obsesionado con ella. El rapto se ha llevado a cabo justo el día de su boda al parecer, porque de otra forma no se explica el vestido de novia. El desquiciado, que es personificado por el vocalista, tiene a la mina amarraba a la pared –el set fue montado en el garaje que usaban como sala de ensayo – y canta rodeado de la banda. La canción escogida es “Infected Blood, Vagina Satán” y habla de la diferencia entre las normas de educación para niños y niñas en los colegios. Por supuesto, su mensaje es en contra del patriarcado y a favor de la reivindicación de los derechos de la mujer. La banda hace headbangers en la parte del coro. “¡Anal depression, fuck you bitch! ¡You soul is for Satán! ¡You are my slaveeeeeeeeeeeeeeeeeeeee!!” Ahí venía la parte alta del falsete del vocalista. Que también sabía darle teatralidad a la interpretación. Por supuesto, su inglés era una mierda. Nunca siquiera habló con un gringo. Aprendió mirando el tv cable y por supuesto cantando la letra de los himnos del Metal. Aunque muchas veces no entendía nada, sonaba genial. Eso era lo más cool que conocía. Así que sus canciones eran en inglés. También por una cuestión de marketing estratégico porque pretendían llegar al mercado internacional. Quizá un sello en Europa o Estados Unidos los escuchaba y los contactaba. Por eso el video era importante. Y la mina también hacía headbanger mientras el vocalista-sicópata la apuñala con un cuchillo de cocina. Usaron kétchup Malloa para la sangre. El guatón estaba seguro que acababa de filmar el mejor video que la escena Metal que la ciudad había visto. En el computador le puso filtros y en algunas imágenes mezclaba los ángulos. La banda de Metal tuvo su video y lo puso en Youtube. El peak de visualizaciones fue de 10 el día de su lanzamiento y 25 mensajes de buena onda en el fanpage. A los seis meses el video tenía 135 reproducciones. Adonde iban lo mostraban o hablaban del video y de su nuevo disco. Incluso los invitaron a un programa de la tv local que apoyaba la escena y llevaba bandas a tocar. Lo grababan en la noche, cuando ya no había nadie más en el canal que un par de camarógrafos, el sonidista que también manejaba el switch y los conductores que a medianoche ya estaban medio borrachos con pisco sour. Pero atendían bien a las bandas y les daban un lugar donde tocar. Mal que mal era la tv y luego eso también se podía compartir por Facebook y Youtube. Todo el planeta podía tener acceso a eso, aunque en realidad no interesase a más de 10 personas. El guitarrista le preguntó a la conductora si tenía Snapchat y ella, una cuarentona milf, le dijo que no. Y siguieron las tocatas. También los entrevistaron para un blog de música regional y ellos hablaron de su nuevo disco, nuevos videos en proyecto, toda la gira de conciertos que habían tenido, de Youtube, de descargas en Itunes y Spotyfi, hablaron de la escena y de cómo era el hacerse conocidos. Sí, por supuesto que se veían tocando en cualquier gran festival nacional. Agradecieron el apoyo de los fans y por supuesto hablaron sobre su nuevo estilo Metal. Tenían un gran registro de fotos de tocatas. Todas en escenarios de no más de cinco metros de largo. Pero con amplificadores de cabezal a tubos que se veían profesionales. Lugares pequeños con cincuenta o sesenta personas cabeceando. Cada integrante tenía su foto favorita: esa donde la luz y la posición era la precisa para el poster o la portada del disco. Ahí con el cabello suspendido en el aire por el headbanger y la guitarra en pose de riff rompe cuellos. Perfectamente podría ser la foto de una presentación ante cincuenta mil personas. Para el verano se proponían ir a tocar a otras ciudades; conocían a bandas y podían armar un par de fechas. Estaban ahorrando para comprar los pasajes.
             Para todos fue una mala sorpresa el enterarse de la muerte del pendejo. Murió cuando un camión se desenganchó en una cuesta de la faena en la que trabajaba. Lo pilló por la espalda y lo reventó como a un huevo. Lo más seguro es que el chico ni se enteró de lo que sucedió. Al entierro llegaron muchos Metaleros tristes. Se bebió, se cantó y se lloró por el camarada ido. Después de tres meses decidieron seguir haciendo metal y se pusieron a buscar un reemplazo. Tuvieron tres postulantes y escogieron a un colorín obsesionado con el karate. Siempre parecía estar tenso y a punto de lanzarte una patada en la cara. Se tomaron otros cinco meses en ensayar y volver a sentir que la banda sonaba bien nuevamente. En ocho meses ganaron 9 nuevos likes. Habían avanzado muy poco en la grabación del disco. Recién el próximo año estaría listo. Varios amigos que estaban organizando tocatas los invitaron a tocar. Los ponían en primer o segundo lugar. No pudieron cerrar ninguna tocata. Pero quienes llegaban temprano y les veían tocar no podían resistir mover la cabeza. Ellos la rompían en cualquier horario y cualquier lugar. Sin embargo, habían tenido que declinar las invitaciones a tocatas debido a que se hacían en días como miércoles o jueves y ellos no podían madrugar porque al otro día todos tenían que estar temprano en sus respectivos trabajos. De todas formas tocaban y después se borraban y faltaban a sus trabajos. Así perdían el laburo y así también volvían a encontrar más. Jimmi trabajaba de albañil y estaba tomando más que nunca. Si uno se paraba a su lado tenía el olor avinagrado y rancio de quienes llevan muchos días seguidos tomando sin bañarse. Olor a cerebro fermentado. El guitarrista embarazó a una de las chicas de Snapchat y quería estar con ella, pero ella no quería saber nada de él. En diciembre viajaron tres horas en bus para tocar en un festival metalero en el desierto. Tomaron mucho y tocaron como nunca antes. Estaban de vuelta, lo sentían. Durante todo enero tocaron viernes y sábado cerrando casi todas las tocatas. Ya habían grabado todo el disco en la laptop del baterista y ahora lo iban a mezclar ellos mismos. Se juntaban a tomar cerveza y mezclar con el Ableton. Pronto el disco estaría en soundcloud.com. El blog de Grinder les hizo una entrevista de doce preguntas y ellos por supuesto hablaron de lo bien que se sentía ser una banda reconocida en la escena.


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